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Cuando tienes un hijo con necesidades especiales, vas con calma, disfrutando el camino, en una bici de paseo. Está claro que vamos a llegar a destino, pero no sabemos cuánto tiempo nos tomará. Tampoco es que nos importe mucho, porque -al final del día- estamos disfrutando del aire y la vista, y no podemos ir más rápido: ésta es nuestra velocidad crucero. No estamos en esto por la competencia, sino por el paseo. Así que elegimos disfrutarlo y pedalear suavemente, pero de manera constante y sosteniendo nuestro ritmo.
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