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FEBRERO DE 1551
El mundo es amasado por el Imperio Español. Los dominios de Carlos V se extienden más allá del mar hasta el Nuevo Mundo. En América, los imperios azteca e inca sucumben tras grandes batallas y sangrientas alianzas entre naturales e hispanos.
Al sur, la última frontera del Imperio Español se estanca, y el avance del Reyno de Chile se hunde en las ciénagas brumosas de la provincia de Arauco, donde una guerra húmeda, lluviosa y oscura fusiona el heroísmo y la crueldad de hombres devorados por las profundidade del paisaje. Hundidos en Iluviosos bosques y rodeados de pantanos, los fuertes de Arauco, Tucapel, Puren, Los Confines y La Imperial son asediados por miles de guerreros grises, hijos de una guerra lúgubre, hambrienta y solitaria.
Día y noche, el futuro de la Guerra de Arauco se decide en estos fuertes. custodiadas por soldados veteranos venidos desde las guerras de Flandes e Italia y las conquistes de México y Perú. Cada fortaleza está defendida por un capitán y guarniciones de seis a doce centinelas.
Estas son las cartas de uno de esos capitanes.
Sin existencias